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El 18 de septiembre conmemoramos el Día Internacional de la Igualdad Salarial, una fecha que nos recuerda que la igualdad entre mujeres y hombres también debe reflejarse en la nómina.
Uno de los principales hitos en este ámbito llegó en 1951, con el Convenio nº 100 de la OIT, que estableció el principio de igual remuneración por un trabajo de igual valor. Más de siete décadas después, este principio continúa plenamente vigente y el reto sigue presente: según datos de la OIT, a nivel mundial, las mujeres ganan de media alrededor de un 20 % menos que los hombres.
En España, el marco jurídico se ha reforzado progresivamente. La Ley Orgánica 3/2007, el Real Decreto-ley 6/2019 y los Reales Decretos 901/2020 y 902/2020 han impulsado medidas destinadas a prevenir y corregir las desigualdades retributivas, como los planes de igualdad, los registros retributivos, las auditorías salariales y la valoración de los puestos de trabajo.
Este marco continúa evolucionando con la Directiva europea 2023/970, que refuerza la transparencia salarial, el acceso a la información y los mecanismos para detectar y corregir posibles diferencias retributivas.
Pero la igualdad salarial no depende únicamente de la legislación. También se construye en el día a día de las empresas: en cómo se valoran los puestos, se fijan los salarios y se garantizan oportunidades de promoción y desarrollo profesional basadas en criterios objetivos.
En este ámbito, los Graduados Sociales desempeñan un papel relevante por su conocimiento de las relaciones laborales y de la aplicación práctica de la normativa en materia de igualdad retributiva.
Porque la igualdad salarial se alcanza cuando el principio de igualdad se traslada de las normas a la realidad de las relaciones laborales y, finalmente, a cada nómina.
A igual talento, igualdad de oportunidades.
